TodoLiteratura

  • Diario Digital | domingo, 08 de diciembre de 2019
  • Actualizado 21:29

"La Retornada", de Donatella Di Pietrantonio

«Me quedé huérfana de dos madres en vida. Una me había dado con su leche aún en mi lengua, la otra me había devuelto a los trece años. Era hija de separaciones, parentelas falsas o calladas, distancias. Ya no sabía de quién provenía. En el fondo tampoco lo sé ahora.»

"La Retornada", de Donatella Di Pietrantonio

Es septiembre y, como diría Amaral, ya no quedan días de verano. Parece que quedan muy lejos esas tardes en la playa con los amigos viendo marchar al Sol, la piel salada permanentemente y esa agitación inexplicable al inicio de cada día de unas soñadas vacaciones. Pero, seguramente, no habremos pensado demasiado en aquellas personas o familias que no habrán sentido lo mismo durante el largo período estival. Si, menciono un largo verano porque la miseria se hace más insoportable cuando te atrapan los largos meses sin clases. Niños, niñas y adolescentes que viven historias como las de este libro, historias que, muy a mi pesar, no existen solamente en los libros de ficción.

La Retornada​Leer "La Retornada" ha sido como sentir derramarse por mi cuerpo un cubo de agua fría. Se ha abierto una ventana por la que he mirado la vida de otra persona de cerca, como si fuera mi vecina y únicamente nos separaran dos edificios. Una vecina que ha sufrido todo el largo tiempo que yo he vivido un verano de ensueño, una vecina que vive penurias que no ha elegido, una vida que no ha podido moldear.

Son, quizá, libros como este, los que plantan una semilla más en el jardín de tu personalidad. Hay libros que te ayudan a crecer, que te enseñan que todavía te falta mucho por definir tu criterio propio, que seguramente este se irá alimentando y ahormando durante toda la vida. En los libros se esconden saberes que en las escuelas o en la vida misma no se pueden encontrar y que, a veces, se hacen necesarios para sobrevivir a un mundo incierto. La lectura de La Retornada se hace tan intensa que te obliga a empatizar, a sufrir y a emocionarte. De este libro no se sale indemne ni se marcha uno siendo la misma persona, si es que alguna vez se consigue partir del todo de lecturas como estas.

Seguramente, si todos leyéramos libros de esta índole, el mundo sería un lugar mejor para vivir, no por convertirnos en mejores persona sino por leer un libro que aporta y divulga un mensaje poderoso e inolvidable. Como dice el profesor de literatura Fernando Ariza: «Es bueno leer porque adquieres conocimientos y experiencias que cambian tu forma de ver la vida. Pero hay libros que no aportan nada. Lo importante no es la cantidad sino que descubras ideas nuevas una vez que acabas una obra. Que deje un poso que trascienda a la historia o al argumento. Por eso hay que leer con lápiz, comprendiendo y analizando lo que se lee, pues leer a granel no tiene especial interés.»

Puedes comprar el libro en: