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  • Diario Digital | domingo, 20 de octubre de 2019
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¿Qué hacer con El Valle de los Caídos?, José María Calleja realizó esta investigación de total actualidad en 2009

El periodista y escritor José María Calleja se acerca en su nuevo libro "El Valle de los Caídos" a todo un símbolo de la época franquista. El resultado es un gran trabajo de investigación de total actualidad.

El Valle de los Caídos
El Valle de los Caídos
¿Qué hacer con El Valle de los Caídos?, José María Calleja realizó esta investigación de total actualidad en 2009

El autor vasco nos da su relevante visión:

El Valle de los Caídos es un parque temático del franquismo. Cuelgamuros es la prolongación de la dictadura por otros medios. Cuando los españoles se morían de hambre, el dictador Franco se gastó el dinero que no había en España para construirse un mausoleo, rendir homenaje a los suyos y abrochar, con una gigantesca cruz de 150 metros de alto, su relato ganador de la Guerra Civil.

Franco, que convirtió su dictadura en una forma de exterminio de sus enemigos, hizo del Valle de los Caídos su obsesión, lo visitó como si fueran las obras de su casa y lo convirtió en el símbolo ganador de la alianza propagandística entre su régimen y la Iglesia católica. Miles de republicanos yacen junto con quien los mandó matar, cientos de presos antifascistas fueron condenados a trabajos forzosos en el Valle de los Caídos.

Más de cincuenta años después de recuperadas las libertades en España, la democracia no ha llegado aún a este monumento franquista, gigantesco, triste y amenazante.

El Valle de los Caídos es un pleonasmo de muertos. El Valle de los Caídos fue no sólo una obsesión enfermiza del dictador, fue una obra carísima realizada en un país en el que los españoles se morían de hambre, de enfermedades y de penurias. Nunca sabremos cuántas escuelas, cuántos hospitales, cuántas viviendas, cuántas carreteras se hubieran podido construir con el cemento, la arena, la mano de obra y el dinero empleados en la construcción de un edificio espantoso. (...) Como mínimo, los familiares de los muertos republicanos que lo deseen deberían poder rescatar a sus familiares y enterrarlos como ellos quieran, en el lugar en el que ellos quieran, de una manera digna, sin miedo.

(…) El Valle de los Caídos debería dejar de ser el relato franquista de la Guerra Civil, el certificado del triunfo del dictador, y pasar a convertirse en el lugar que sirva para explicar la perversión de la dictadura de Franco y de su régimen aniquilador.

Yo no lo llamo Valle de los Caídos, yo le llamo Cuelgamuros, porque ¿de qué caídos estamos hablando? Allí hubo "caídos" republicanos. Por ejemplo, un grupo de republicanos nacidos en Salamanca, los desenterraron sin pedir permiso a sus familiares, los trasladaron a Cuelgamuros y los enterraron allí. Estaban en el cementerio de su pueblo y los llevaron hasta Cuelgamuros sin pedir permiso a sus familiares y sin pensar que podía no hacerles ninguna gracia estar enterrados al lado de José Antonio Primo de Rivera.

Sacar a Franco del Valle de los Caídos es una tarea urgente, acelerada por el paso y el peso de la historia, por el retraso que llevamos, por la necesidad apremiante de convertir aquel lugar en otra cosa distinta a lo que es ahora. Sacar a Franco de Cuelgamuros es una tarea urgente por tardía.

Resignificar el Valle de los Caídos desde el punto de vista democrático es también urgente y necesario, es posible, la próxima salida de los restos de Franco lo facilita y lo anima.

Los años bárbaros

Nicolás Sánchez- Albornoz tampoco quiere llamar Valle al valle, ni Caídos a los caídos. Prefiere hablar de Cuelgamuros y, a diferencia de Tario Rubio, se niega en redondo a visitar el lugar en el que fue condenado a trabajos forzados en 1947 y del que se fugó en agosto de 1948 -en una huida de película-, con su compañero de cautiverio Manuel Lamana (…) que murió en el exilio, en Buenos Aires, en 1996, cuando tenía setenta y cuatro años de edad.

Sánchez-Albornoz tiene 92 años y está vivo y en una reciente entrevista al periódico decía: “Lo de hacer un cementerio al estilo del de Arlington, como así lo propuso Albert Rivera, es una idea absolutamente ridícula. En el caso de Estados Unidos, se trata de un lugar completamente neutral, no hay ningún signo o símbolo que pueda molestar a nadie. Pero en Cuelgamuros ¿qué van a hacer?, ¿poner a todos debajo de la cruz de la cruzada?, ¿o van a volarla para poner una hoz y un martillo del mismo tamaño? No tiene una salida fácil ese tema.”

José María Calleja es doctor en Ciencias de la Información, licenciado en Historia y profesor de Periodismo en la Universidad Carlos III.

Colabora en El País, en El Correo y en los periódicos del Grupo Vocento, en la cadena SER y en Televisión española (TVE). Ha sido redactor jefe del Canal de Noticias CNN+.

José María Calleja es Premio Espasa de Ensayo, publicó el primer libro escrito sobre las víctimas del terrorismo y ha escrito en 2016 Cómo informar sobre la violencia machista. 

Premio a la Convivencia de la Fundación Miguel Ángel Blanco y premio Llama de la Libertad, otorgado por los vecinos de Ermua, su trabajo en defensa de la igualdad entre hombres y mujeres ha sido reconocido por el Instituto de la Mujer de Castilla-La Mancha.

Publicó El Valle de los Caídos en 2009. No puede estar, en 2018, de más actualidad.

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